El camino sigue un tramo del GR7. El primer trozo, hasta el cruce del camino del Cortal de Sansa, es llano. En él crecen matas de alhucema que dan color y aroma al recorrido. La ruta sigue por el camino de Solobre, hasta los campos de Palomera, cruzando el bosque de Solobre. Hay avellanos, tilos y lantanas. Nos adentramos en un pinar de pino rojo con enebro.
En todo el recorrido, los pinos rojos son de diámetro considerable y forman bosques maduros. Se puede oír el picoteo del pico picapinos, los inquietos herrerillos o el estridente trepador azul. Unos 10 m antes de llegar al cruce del camino de la Bartra, hay unas rocas calcáreas donde crece la oreja de oso, la siemprejunta y la madreselva del Pirineo. Es fácil encontrar excrementos de jabalí, garduña o marta y rastros de ardillas. Al llegar a los campos de Palomera, final de la subida, aparece un manzano que ya nos indica el uso que se daba antiguamente a estas tierras. Este tramo coincide con el itinerario de las fuentes de l’Obac.
Por los alrededores de los antiguos campos vive la becada, muy difícil de ver. A partir de aquí se llega al Cortal de Sansa y hasta el punto de inicio. Al bajar se puede observar la coronilla, el cerezo de Santa Lucía, el abedul y el roble negro.
